Skip to main content

En todo amar y servir

En todo, amar y servir”. Ejercicios Espirituales, 233.

Esta máxima de San Ignacio de Loyola sintetiza muy bien mi experiencia de Midelt-Tattiouine, así como su preámbulo y consecuencias.

En primer lugar, siento que ya el Señor venía haciendo un trabajo conmigo para inculcarme ese principio. Este último año ha sido para mí el de redescubrir la humildad, a veces tan viciada en el mundo actual de los logros, los méritos, la imagen. El querer ser “el primero de la clase”,  y que todos te lo reconozcan. Y creérselo. Contra eso: vaciarse de uno mismo y mis objetivos, y dejar que Dios tome el protagonismo.

En este contexto, un día me dice mi acompañante espiritual: “tú tienes que irte de misiones este verano, para ponerte a disposición de otros, y servir donde te manden”. Nunca había estado particularmente en mis planes irme de misiones. Pero algo en mí me hizo acoger el “mandato” con absoluta docilidad (yo soy muy cabezota, si me proponen A siempre planteo si no será mejor B, que lo tengo más pensado). Y con plena confianza, manos a la obra: di con esta experiencia, curiosamente la única que me encajaba por fechas, y con los Javerianos, que ya conocí en 2017 y tantas cosas me removieron en el Campo de Trabajo de Ceuta[1]. ¡Qué emocionante revisitar aquello, ver cómo había madurado todo! Todo encajaba y marchaba suave. Providencia pura.

En la Colonie de Vacances de Tattiouine, Rolando nos lo dejó claro desde el primer momento: no vais a poder confiar en vuestras habilidades. No conocéis la cultura. No conocéis el idioma. No sé cómo se os dan los niños. ¿Qué hacíamos aquí entonces? Estar, amar y servir.

-Para los niños y monitores (y para nosotros), solo nuestra presencia ya debía suponer una normalización de lo distinto. Acostumbrarse a convivir, compartir, con personas de distinta religión (cristianos-musulmantes), origen (Europa-África), y cultura (sedentarios-nómadas). ¿Ya está, toda mi actividad es estar?

-No solo estar: amar. Que tu presencia sea amorosa, y comparta el amor del resto. Si no fluye la comunicación, las sonrisas son universales, y puedes tanto regalarlas como recibirlas. Transmitirse seguridad, reconocimiento, o complicidad. Descubrir cómo se cuidan los niños entre sí, y cómo los monitores marroquís se donan también a sí mismos por los niños, algunos entregando su vida y posición social. Intercambios de amor.

En clases

-Y así entonces, desde el amor, surge el servir. Empiezas a descubrir los huecos en los que sí puedes aportar y hacer algo por ellos, o lo que te manden: empezando por servir y repartir el té, acompañar a los niños por la carretera, improvisar cualquier juego o tontería para hacer reír a los niños… y al final, te ves hasta dando alguna clase y chapurreando francés. Y ves claro que todo es don del Espíritu Santo, que nada es mérito tuyo para atribuirte, sino qué Él nos hace capaces. No te vas a dormir satisfecho con lo bien que has quedado, sino agradecido por todo lo que se te ha concedido hacer. ¡Y además, vaya alivio de presiones y expectativas a las que estamos acostumbrados! No tengo nada que demostrar, porque ya parto de mi “inutilidad”. Así el ser humano: ¡somos tan poquita cosa! Pero en Dios todo lo podemos. Incluso en la salud: un par de días, todos mis compañeros malos, menos yo. ¿Pero qué mérito tengo, si no he hecho nada especialmente distinto? Cosas inexplicables.

Y finalmente, en medio del trabajar y el no parar, la mayor delicia: los ratos por entero para el Señor. En la misa diaria, la recarga de pilas, el recibir a Jesús Eucaristía para configurarse más en Él, para darle todo el sentido a lo que hacíamos, mirar a los niños como les mira Él, y transformarnos en cierto modo en embajadores suyos para traslucirle. También nos ayudaron los últimos días en Midelt, en el monasterio de Notre Dame de l’Atlas de los cistercienses. En ese clima, en el que la oración se erige como la actividad principal, te paras a releer la realidad de otra manera. Un lugar privilegiado para Ejercicios Espirituales.

En el monasterioEl hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor”. Principio y Fundamento, Ejercicios Espirituales. ¿Para qué está hecho el hombre, en definitiva? Pues exactamente para eso que hemos experimentado: amar a Dios, que está presente en el hermano, y servirle con nuestra vida, con docilidad y solicitud. Él nos llamó a Tattiouine, y Él nos sigue llamando en nuestras vidas para servirle en la manera que Él nos ha pensado. Solo es vital despojarse de todas las cosas e ideas que nos impiden cumplir con su sueño: reconciliar nuestra naturaleza, mi deseo y el Suyo, y alcanzar nuestra felicidad en Él.

Francisco Javier Gómez-Martinho González

Madrid

 

[1] http://eslahoradelamision.blogspot.com/2017/08/mirar-con-los-ojos-de-dios-ceuta.html?m=1



La fraternidad
humana

الأخوة الإنسانية

El encuentro con nuestros hermanos y hermanas marroquíes nos permite descubrir lo que Dios ha puesto en ellos y lo que Él quiere de nosotros.

Ponte en contacto con nostros.
Tenemos para ti...

Campos de trabajo, voluntariado misionero, Pascuas del encuentro, Misiones, Pascuas Misioneras, Retiros, Tiempos para el espíritu.