Muy agradecido con Dios

¿Quién soy yo para que la ternura de Dios me envuelva así?
Estoy muy agradecido con Dios por mi ordenación sacerdotal como xaveriano y por mi nueva misión en Marruecos. Por un lado, mi ordenación sacerdotal fue signo de la ternura sobreabundante de Dios. Fue expresión del reinado de Dios, porque fomentó en mi pueblo la unidad, la solidaridad, el perdón mutuo, el trabajo en equipo, superando las diferencias religiosas (entre musulmanes, cristianos y animistas, hubo buena relación y todos consideraron la ordenación y las Misas de acción de gracias como bendición divina sobre la tierra chadiana y me consideraron como hijo a quien se le debe de preparar su acontecimiento con honor).
Los medios fueron puestos a disposición de las comisiones para realizar estos acontecimientos históricos: la Radio de Bongor hizo una animación misionera y vocacional de manera impecable. Los presentes en todos los eventos fueron un número enorme. ¡Alabado sea Dios que reúne a sus hijos en torno a sí!
Me sentí pequeño y no merecedor de tales celebraciones: salieron algunas lágrimas de emoción que pude secar con mis cubrebocas tanto en la ordenación como en los cantamisas. Me sentí envuelto en la ternura de Dios. Mi ordenación es para mí un reto en cuanto a configurarme a Cristo, un compromiso para transmitir la misericordia incondicional de Dios, y una posibilidad de leer los signos de los tiempos que expresan la presencia real de Dios en mi vida y en la Congregación xaveriana. Me encomiendo a las oraciones de toda la familia xaveriana y los amigos y familiares para que yo sea un sacerdote de la ternura de Dios, alegre, convencido, humano, humilde y sobre todo arraigado en la vivencia del Evangelio y del Carisma xaveriano. Por favor, les pido esta oración cada día: “Espíritu Santo fuente de luz, ilumínanos”, tres veces (eso me ayudará en la vida Consagrada misionera y sacerdotal).
Otro elemento de gran relevancia es mi llegada en la queridísima tierra marroquí el día 28 de noviembre de 2020 (sin mayor complicación administrativa tanto en las escalas como en el aeropuerto de Casablanca). Me sentí bien recibido por Rolando y Juan Antonio, el Cardenal y los demás: eso es misericordiae vultus.
Estando en Chad, muchos se han preocupado por el hecho de no haber tenido suficientes días en mi familia después de la ordenación, pero para mí, es ya expresión de mi auto donación al servicio del Reino de Dios que implica sacrificar mis deseos, mis comodidades y ponerme de inmediato al servicio del anuncio del Amor de Dios. “No hay mayor amor que el de dar la vida por los amigos” (Jn 15,13). Empecé a amar y a orar por Marruecos desde la noticia de mi destinación, me considero familiar de los marroquíes, pues, el Señor me ha hecho marroquí de corazón para esta etapa de mi vida misionera y además durante el Año Jubilar xaveriano. Agradezco a Dios por esta nueva misión, por los retos que se vislumbran y la gracia que nos anima (Gracias a Juan Antonio Flores y a Rolando Ruiz Duran). Señor, haznos cada vez más dignos de trabajar y padecer por la gloria de tu nombre y para que seas Todo en todos.
¡Que sea por todos conocido y amado, Allah el Misericordioso y Tierno!


