Relee tu historia

Pascua del Encuentro
Tetuán. Marruecos 2024. 27 marzo-01 abril.
Mi abuelito Rafael, siempre repetía la famosa frase: “No hay nada nuevo bajo el Sol”, pero la completaba diciendo: “…salvo lo que se ha olvidado”. Yo creo que muchos de los problemas que vivimos, vienen por haber olvidado. La historia de cómo llegué a vivir esta Pascua, con mis amigos Javerianos, es cuanto menos curiosa.
Para ponerte en contexto, mi nombre es África y puedo decir que en mi nombre está grabada la historia de por qué estoy hoy aquí. Ahora tengo 28 años, y lo cierto es que desde bien pequeña he podido experimentar un inmenso amor. El primer amor que recuerdo, el de mi familia: el de mis padres, hermanos, abuelos... Y en esta historia, quiero citar de manera especial a mi abuelita Ascensión, porque gracias a ella empecé a ir a mis primeros campamentos en la parroquia. Allí es donde pude experimentar un amor que traspasaba todos los rincones de mi corazón.
El amor de un Dios que me ama desde el comienzo de mi historia… mucho antes de que yo naciera.
Desde entonces ha convivido conmigo, hasta en los momentos más oscuros. Incluso cuando no podía sentirlo, me ha enseñado que el Amor está en todas partes.
Digamos que antes era una jovencita alocada, atrevida, arriesgada. Con 18 años, tenía claro que quería estar cerca de las personas que más sufrían. En especial, de los que se sentían encerrados de algún modo, física o interiormente. Mi alma, mi corazón y mis ojos vibraban porque no tenía miedo y actuaba simplemente porque estaba convencida de que era lo que debía hacer. Vivía con el corazón al 100%.
Pero con el paso de los años fui ganando inseguridades, hasta que llegó una pandemia que acabó de rematarme. Pasé de ser esa África con ilusión, lanzada y sin miedos, a una África que temía por todo. Pasé de sentirme libre, a encontrarme en una cárcel interior… Atrapada, sobrepensando cada cosa, teniendo miedo a la incertidumbre y calculando cada posible peligro. Echaba de menos a esa chica de 18 años. Y ahora, me encontraba, 10 años más tarde, siendo la misma persona, pero totalmente diferente. Limitada y atada.
Hace ya algún tiempo, un buen amigo hizo una experiencia con los misioneros Javerianos en Marruecos. Desde ahí pensé… “yo tengo que hacer algo así”. En el fondo… lo llevo dentro. Pero nunca se dio la ocasión. Y este año, me llegó una nueva oportunidad. Rolando me escribió proponiéndome vivir con ellos esta Pascua.
Cuando vi la propuesta me sorprendí… pensé “Esto está hecho para mí”. Las fechas, el lugar, el momento, la lengua, el tipo de encuentro, lo que significaba para mí... Todo cuadraba, menos yo. Porque automáticamente después, me dije… ni loca. Yo ya no puedo hacer estas cosas, no estoy preparada.
Lo comenté como curiosidad a mi jefe, y me dijo emocionado que sin duda tenía que hacerlo. Algo de su ilusión resonó en mí… pero lo dejé pasar. Otro día, se lo dije a mis padres… y emocionados me dijeron: “ÁFRICA, esta experiencia está hecha para ti. Necesitas lanzarte para empezar a romper esos temores. En tu corazón, quieres hacerlo, no puedes dejar pasar esta experiencia por miedo. Además, es en TETUÁN, la tierra de tu papi, de tus abuelos, es la oportunidad perfecta…”
Para entender esta historia, es necesario saber que mi familia por parte de padre llegó a Tetuán en el siglo XIX en la época del protectorado. Mi abuelo nació y vivió allí, al igual que sus hermanos, padres y abuelos. Mi abuela llegó cuando tenía solo 3 años. Allí mis abuelos estudiaron, se conocieron, se casaron y formaron una familia, criando a mi tío y a mi padre. Una profesora de piano y un controlador aéreo... No eran militares, ellos eran civiles que amaban esa ciudad y a su gente; eran parte de ellos. Desde pequeña he crecido escuchando a mi padre y a mis abuelos hablar maravillas de esa tierra. Tetuán…
La Pascua del Encuentro. ¿Con quién me iba a encontrar?
Piezas en mi corazón iban encajando. Llena de dudas fui a conocer a Rolando en persona. Allí, en esa conversación, supe del todo que tenía que hacerlo. Y después de pensarlo y luchar contra mis demonios, pasadas las semanas, llena de miedos, dije: sí.
Lo que no sabía es que viviría una Semana Santa muy particular y digamos, muy… real.
Un viaje desde el exterior al interior
Miércoles 27 de marzo: Un lugar feliz
Al aterrizar en Marruecos, me recogieron Rolando y François. Finalmente era la única joven que viajaba desde España, pero no me importó, porque sabía que tenía que vivir esa experiencia tal cual se me presentara.
Estaba muy emocionada, porque nuestra primera parada era la Iglesia de Tetuán.
Un lugar muy especial para mí, ya que en esa Iglesia se casaron mis abuelos, se bautizó y se confirmó mi padre. Entre esas paredes y en sus alrededores, sucedieron tantos momentos importantes…
Mi abuelita siempre decía que Tetuán era el lugar donde fue más feliz.
Aquí mi familia construyó una vida, un amor y una fe, que, en parte, gracias a ellos, tengo hoy… y ahora regresa a este lugar. Todo de alguna manera vuelve.
Fue bonito estar allí, cerrar los ojos y retroceder en el tiempo… Imaginando tantos recuerdos de la historia de mi familia. Que es también mi historia.
Allí, tuvimos un primer encuentro con un grupo de jóvenes que estaban con las misioneras oblatas. Y esa tarde, tan dulce, tan cálida, tan agradable y distendida… para mí se asemejó a un Domingo de Ramos. Sin saber bien lo que el Señor tenía preparado para mí después.
Jueves Santo 28 de marzo: Hay un corazón que late.
12 velas. Nosotros somos 4 personas en este hogar: François, Rolando, Tony y yo. Cada uno encendemos 3 velas:
Una por la familia: Esta es nuestra historia, de dónde venimos, por qué venimos. Este amor que experimento, es de un Dios que me amó desde el principio de mi historia. Pero… ¿dónde comienza mi historia? Dios tiene la capacidad de entrelazar el amor de tal manera, que trasforma los corazones y cada decisión que ha propiciado que lleguemos al día de hoy. Yo un día aparecí en este mundo y sin decidirlo, fui amada por mi familia y en mi realidad, en la cual siempre se encuentra Dios latiendo. Hay que releer la historia, porque en ella está oculta un sentido más grande y un propósito sutilmente cuidado. Hoy, soy quien soy gracias a que ellos me amaron primero.
Otra por la comunidad: Esta pequeña comunidad de misioneros Javerianos en Marruecos, nos enseña a ser simplemente presencia. Como el corazón que “simplemente” late, pero que, si dejara de latir, no estaría vivo.
Otra por el mundo: Toda acción genera una reacción. La reacción de un corazón que ha sido amado, es amar y transformar la realidad. A todos, en cada lugar, en cada rincón, porque todos somos hermanos.
“Esta experiencia en este país, nos ayuda a conocer el mundo de Dios. Aquí, somos puente entre oriente y occidente. Somos cristianos, pero no amamos solo a los cristianos. Vivir la fe desde la pequeñez, al estilo de Dios. Jesús nace en Belén y nadie se entera. Jesús resucita y nadie se entera. En lo escondido.” Rolando.
Cena del Señor
Mientras celebramos el oficio del Jueves Santo empecé a sentirme de nuevo atrapada. Los miedos y monstruos internos con los que tantas veces había convivido, despertaron de nuevo... Vinieron a mí la angustia y la intranquilidad. Necesitaba huir, escapar. Pensé… “Quién me manda a mi hacer estas cosas, yo estaría ahora tan a gusto en la comodidad de mi parroquia, viviendo la Semana Santa como todos los años, tan tranquila…”
Al acabar nuestra celebración, teníamos que irnos a vivir el momento que más ilusión me hacía del viaje: el encuentro con los amigos sufíes. Para mí, ese momento era muy especial. Lo esperaba vivir con alegría, apertura y con todo de mí. Sin embargo, no podía. Con lo que había vivido previamente, mi corazón ya estaba inquieto. De nuevo encerrado. Pero entonces me encontré cenando y compartiendo la noche con muchas personas diferentes, que me hicieron sentir como en casa. Un espacio precioso de intercambio y apertura. Poco a poco, con su calidez, con la riqueza y la sabiduría que había en sus palabras, la alegría de sus miradas y sus cantos… fueron meciendo mi corazón, como cuando un niño pequeño llora y encuentra el arrullo en los brazos de su madre. Esos amigos, fueron la caricia de Dios, diciéndome… “tranquila.” Después de todo, Jesús en la Última Cena… aunque querría disfrutar de ese momento, porque era para él importante y el último con todos ellos, también debía tener en su interior, un constante sentimiento de intranquilidad, porque ya sabía lo que iba a ocurrir después. Me despedí de nuestros amigos sufíes, con la sensación de que me hubiera gustado disfrutar aun más de ellos, pero muy agradecida por todo lo que me enseñaron de la vida y de lo que significa amar en un sentido mucho más amplio. Mi sentimiento de angustia se había rebajado gracias a ellos. Aunque sabía que después volvería.
Cuando llegué a mi habitación, solo Dios sabe, que ahí viví mi propio Getsemaní.
Viernes Santo 29 de marzo: “Guíame a la Cruz”
Un día lluvioso... y esa canción en mi cabeza “Lead me to the Cross”. Guíame a la cruz…
Es lo primero que nos sale decir, porque es lo aprendido. Pero… ¿Quién en su sano juicio querría aceptar una cruz?
Mi primera respuesta es… Yo no la quiero. Quiero estar bien. Mi segunda respuesta es… ni loca. Me asusto como Pedro y estaría dispuesta a escapar. Eso me hace pensar en lo débil soy. Pero bueno, después de todo, no es nada nuevo para Jesús. Él ya conocía a Pedro y sabía que iba a negarle antes de que lo hiciera. Hasta tres veces. Y mi tercera respuesta: otra negación. El miedo me hace huir. Me ha hecho huir todos estos años y me hace huir ahora.
Y aunque yo te amo, Señor, mi corazón no está preparado para amarte hasta el extremo. Caigo de nuevo.
Por la mañana, llamé a mi madre, para contarle lo que estaba sintiendo. Y recibí de ella, en la distancia, ese abrazo que decía que todo estaba bien. Junto con mi padre, me hicieron reenfocar mi aventura. Me conocían y sabían que esto me ocurría, pero estaban totalmente tranquilos. Me animaron a disfrutar y su confianza ayudó a que reconectara con aquello que me había llevado hasta allí. Eso me hace pensar en el camino de la cruz.
Cuarta Estación: “Jesús se encuentra con su madre”.
En medio del dolor. ¿quién está contigo?
Sábado Santo 30 de marzo
El silencio de Dios. El corazón dejó de latir. Pero hemos tenido un encuentro previo. Un encuentro con nuestros hermanos sufíes. Y es momento de que el encuentro se dilate y nos lleve a la Resurrección. Hemos roto el ayuno con ellos y esa ha sido nuestra cena con el Señor. Nuestro llamado a compartir la mesa con personas diferentes, como eran los discípulos. Nuestro llamado al Amor.
El viernes pudimos vivir cómo Jesús abrazaba la cruz. Pero abrazar la cruz no es algo agradable, ni mucho menos sencillo. Es sentir dolor, miedo, soledad, nostalgia de la seguridad que antes tenías. A veces pensamos que lo bonito es solo lo que uno disfruta. Sin embargo, Dios va más allá. Jesús acogiendo la Cruz, nos enseña una nueva manera de vivir, que no huye de la realidad, ni hace desaparecer las dificultades. Que no escapa. Que acepta, por amor, el sufrimiento, esperando y confiando en que éste se transforme. Y gracias a este ejercicio tan complejo, Dios nos abre las puertas a contemplar una belleza totalmente diferente. Que inunda y traspasa el corazón.
Hoy, sábado… es un día de incertidumbre. ¿Qué ocurrirá? ¿Será cierto lo que Jesús nos contó? ¿Él volverá?
“Es como si Dios me pusiera en el océano sin saber nadar bien. Tienes miedo, no es tu entorno. Pero de repente, ves que el mar te va llevando. Lo que nos hemos ido encontrando estos días es como las olas… te chocan, pero te llevan a algún lugar. Aquí encuentro un pueblo que te despierta a las 4 de la mañana para orar, que es capaz de ayunar todo un mes. Aquí me ha llevado el mar… ¿qué impacto tiene ese encuentro de Dios en mí?” François.
Y ahora nos preguntamos ¿Qué es la Resurrección?, ¿es algo sin más?, ¿un trámite?, ¿es la actuación final de nuestra Semana Santa? ¿Qué es la Resurrección para mí?
Del Encuentro al Reencuentro
Un día en el que todo sigue estando gris porque la incertidumbre se hace presente y no estamos seguros de si Dios volverá… Un día en el que aún permanece el miedo y el deseo de que todo pase pronto, después de haber vivido la dureza de la Cruz y de que la angustia habite en el interior…
Dios se hace presente y prepara mi corazón para lo que vendrá más tarde. Para cumplir su promesa. Él sabe cómo calmar las tormentas, cómo domar a las fieras que tenemos dentro y cómo hacer que los monstruos se espanten.
Dios sabe exactamente qué teclas tocar en cada persona.
En este momento previo a la Pascua, aparece ante mí un rostro joven, tan agradable, tan interesante, tan “normal”. Un rostro que, pese a no haber visto nunca había visto antes, me resultaba tan familiar… Un joven de 25 años, musulmán, viviendo en otra parte del mundo, pero tan parecido a mí… Con muchas de mis inquietudes, con esa mirada común.
Ahí estuvimos, hablando de un Dios que se llama diferente, pero que se hace presente de manera muy similar.
Es como si Dios hubiera dejado la Verdad repartida por toda su creación. En cada rincón del mundo, escondida en cada cultura. Una verdad aparentemente oculta, pero si sabes mirar, también tan evidente…
¿No os ha pasado que a veces estáis un buen rato buscando algo, y resulta que lo teníais en la mano?
Pues quizás esa Verdad esté siempre ahí, repartida como piezas del mismo puzle que uno ha de ir encontrando para que todo encaje. Y aunque en esta vida, quizás no encontremos todas las respuestas… acercarnos a esas piezas diferentes, nos hace llenarnos de un Amor mucho más completo, mucho más profundo.
Siento que Dios me conoce a la perfección… sabe lo que me mueve, lo que me interesa y qué botones activar para reconducirme a donde él quiere. Ese encuentro preparó mi alma para recuperar la ilusión, la alegría.
Los miedos se esfumaron por la puerta. Y después cenamos juntos. Otra vez, todo estaba bien.
Al fin y al cabo, el rechazo es miedo. Como lo fue el rechazo de Pedro. Como lo es nuestro rechazo al acercarnos a un Dios que te pide cosas incomodas. Sin embargo, esas cosas son la puerta hacia la transformación.
Guardo el mensaje que me envió mi padre:
“Disfrútalo con toda la tranquilidad del mundo. Aunque no te dieras cuenta estos años… conoces y forman parte de ti muchas de las actitudes de la cultura marroquí y árabe en general. Sin darte cuenta, te lo enseñaron tu abuelito, tu abuelita… y tu papi. Y en ti, ha calado muy hondo. La gente no lo entiende… el sentido de la amistad y de acogerte, es muy diferente allí. Pero una vez conseguido los lazos son mucho más fuertes que aquí.”
Domingo de Resurrección. 31 de marzo: Id a Galilea. Allí lo encontraréis
Galilea. Donde empezó todo. La Vigilia Pascual y el Domingo, fueron los días donde sentí que todo había sucedido para algo. Me sentí feliz, transformada, agradecida y, sobre todo, en paz. Después de todo, es ese final que no defrauda. Todo el sufrimiento, se transformó con la misma proporción, en plenitud. Me alegré mucho de haber vivido una Semana Santa al estilo de Jesús. Con algunos de los sentimientos internos que él experimentó. Enseñándome a cómo afrontarlos. A encajarlos en mi vida, para que puedan transformarse en algo mejor.
He podido sentir como si esta experiencia hubiera sido especialmente diseñada para mí. Aquí he hecho un viaje desde el exterior, hasta lo más profundo de mi interior. Esto no significa que todo dentro de mí se haya solucionado ya, ni que vaya a ser fácil ahora.
Pero sé que esta experiencia ha sembrado una pequeña semilla que quizás llegue a germinar más adelante, o incluso, ya esté creciendo en silencio.
Esta historia, me ha permitido conectar con mi pasado, para reconectar con quién soy y lo que hay en mí. Fue necesario exponerme a todo mi interior, para dejar de huir de él y descubrir, que, en medio de la dificultad, no estoy sola y nunca lo he estado. Mi familia, mis amigos, el mundo en el que vivo y Dios, me abrazan aquí. “En mi debilidad, te haces fuerte”.
Él entrelaza el amor, para decirnos algo concreto y para hacer más evidente nuestra misión.
Gracias a Rolando y François por acogerme y permitirme vivir esta Pascua del Encuentro.
Me he “encontrado” con muchísimo más de lo que esperaba. Gracias por vuestro cariño, cuidado y testimonio de presencia; por enseñarme lo importante que es simplemente estar. Gracias a mi compañero Tony por ser mi amigo en esta aventura, tu sonrisa, tus canciones, locuras y la pasión con la que amas a Dios en cada momento. Gracias a nuestros amigos Sufíes y a Mohammed por abrirme las puertas de vuestra casa y hacerme sentir parte de ella. Gracias a la Comunidad de la parroquia cuya historia también está allí, y lleváis el amor de Dios a cada rincón. Gracias a mi familia por amarme incondicionalmente y estar siempre conmigo. Y por supuesto, gracias a Dios, que es el que todo lo hace posible y a todo le da sentido. Él me quiere por quién soy, me llama también por mi nombre en esa zarza ardiendo y me lleva a descubrir nuevos lugares que sacan más de mí, para darlo a los demás. Todo eso, vuelve a ser vivir con el corazón al 100%.
Lunes de Pascua 01 de abril: Y perdería mi vida por ti para encontrarla
Me despido de este país desde el aeropuerto de Tetuán, Sania-Ramel, mirando a la torre de control en la cual trabajó mi abuelito Rafael durante 24 años. Me gusta imaginar que me saluda sonriendo desde dentro.
Hoy se ha quedado un día precioso aquí… porque la vida, aún con sus duelos y dificultades, siempre se abre paso y se puede contemplar en ella una belleza inmensa. Papá me ha dicho que mis abuelitos estarán muy felices y hoy me están viendo despegar desde aquí.
Os quiero. Siempre. No os he olvidado.
África Moreno Jaime, Madrid


