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Dios está a tu lado, y tiene sed de ti, del otro…

No me ha resultado fácil empezar a escribir esto. Ha habido mucho sobre lo que reflexionar y todo lo ocurrido necesita de tiempo para que, una vez sembrado, florezca y cobre sentido. Hace un mes comenzaba mi Pascua. Llegaba a Tánger agotado, desconectado de mi vida de fe, harto de la rutina… Dios me pedía que parase y que disfrutara de esta Pascua a su lado. Y me lo pidió mi primer día en aquella ciudad.

Yo siempre he creído en los milagros. En esos momentos de la vida en los que uno tiene la convicción de que, pese a su omnipotencia y a su omnipresencia, Dios está a su lado, poniendo en espera al resto de la humanidad para darle ese abrazo que tanto necesita. Como si una madre abrazara al pequeño de diez hijos. Ese primer día visitábamos una obra de las Misioneras de la Caridad. Allí leía una oración y -con cierto narcisismo- sentía que estaba escrita para mí. En mi interior sentía agradecimiento. Paz porque a través de esas palabras tenía la certeza de que estaba donde tenía que estar. También sentí un cierto regusto a humor, pero un humor con tintes de satisfacción. Y con tan solo un “Tengo sed de Ti” me lo dijo todo.

Con esa “colleja” en el alma comenzaba mi Pascua. Su sed marcaría mi triduo. Una sed de un Dios que murió en la cruz pidiéndonos que demos hasta la última gota de nuestra vida por aquello que nos mantiene a su lado. Y creo que no había lugar más idóneo para sentir esto. Porque es fácil dar a ese amigo en el que tanto confías y al que consideras un hermano de sangre. También es fácil dar a esa madre que vive contigo y a la que agradeces toda su entrega por ti. Pero las dudas pueden surgir cuando conoces a ese hermano musulmán al que las noticias tachan de alguien en quien no confiar. Al que crece en una cultura diferente a la tuya con unas tradiciones que algunos consideran una amenaza. A esa persona que no cree en tu dios…

Pues aquí me dice Dios que tiene sed de mí, y pasados los días lo veo cada vez más claro. Dios quiere que exprimamos nuestras vidas. Que este don tan precioso no sea algo mediocre destinado al conformismo de una vida aparentemente sencilla. En el hermano musulmán veo y entiendo que nuestras muchas pero insignificantes diferencias quedan eclipsadas por el amor. El amor al prójimo que construye la realidad de nuestras religiones. Me pide que aprenda a amar. Que entienda que -como dijo Christian de Chergé- el corazón del otro es un lugar sagrado. En un mundo de guerras, de injusticia, en donde parece que las personas hemos convertido nuestros corazones en cachos de piedra, el mensaje de Dios no puede ser más acertado.

Durante esos días comprobé que el diálogo nacido desde el más humilde respeto es la única herramienta que se necesita para entender que en el hermano musulmán también puedo ver a Dios. Un diálogo que puede comenzarse con la palabra pero que se humaniza con los gestos, las sonrisas o las miradas. Durante esos días también viví muchas experiencias. Momentos que, un mes después se me siguen viniendo a la cabeza acompañados de un sentimiento de nostalgia y felicidad. Conocí a muchas personas que hicieron única mi Pascua. Personas que Dios ha querido poner en mi camino para darme luz en el momento oportuno -estoy seguro de ello-. Y para todo esto solo tengo palabras de agradecimiento y cariño.

Para terminar, me gustaría recordar las palabras del recién elegido León XIV en su discurso inaugural: “Construyamos puentes con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un único pueblo siempre en paz”, decía. La muerte del papa Francisco fue impactante. En ese lunes de Pascua, tras celebrar la resurrección de Jesús en nuestras vidas, el mundo entero se consternaba con su fallecimiento. A tanta guerra, tanto odio, a tanto rencor se le unía esto. Pero en ese clima de miedo y duda, León nos llamaba a la unión, a la construcción de puentes. Creo que es la piedra angular sobre la que se construirá el pontificado del nuevo papa. Y no solo eso, creo que es la piedra sobre la que se amarrará la esperanza de un futuro mundo en paz.

Ignacio Bravo Paños

Madrid

Pascua Mdiq



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